jueves, 4 de abril de 2013

Amigos, les cuento que estoy emocionada con el proyecto de Escuelas lectoras. Me apasiona el tema y el compartir con otros seres que se esfuerzan por brindar espacios de goce y avance con los estudiantes. Estoy aprendiendo mucho de todos y cambiando esquemas mentales al  leer la vida. Pues bien, en una de esas actividades nos pidieron redactar un escrito con instrucciones para leer. Al inicio lo vi solo como algo meramente académico pero  ahora quiero compartirlo con ustedes mis “más selectos libros” . Me cuentan cómo les pareció y si hay necesidad lo socializamos y modificamos. Un abrazo.

Marzo 22-2013
"Instrucciones para leer en la vida"
Ante todo, déjese coger desprevenido. Tópese con un suceso, escrito, dibujo o simplemente algo narrado. Una vez sorprendido, dese el lujo de experimentarlo. Sin afanes, disfrute esa compañía.: ¿Qué le produce?, ¿Qué le recuerda? ¿lo conecta con algo de su infancia, de su vida, de la de otros? ..., ¿lo ilusiona?, ¿lo enerva?, ¿lo reta, lo impele o lo confronta?, o sencillamente siente que no se halla?
Déjese encontrar. Valídese en ese proceso y permítase opinar, disentir, gritar o sencillamente murmurar. Déjese impregnar por todo lo que el texto le transmite, busque señales en las páginas si es texto escrito, en las imágenes si es pictórico, en las personas o lugares si es un acontecimiento lo que tiene en frente. Agudice sus sentidos y sin mayores pretensiones adéntrese en el diálogo!
Muchas veces, puede encontrar que ha sido vana la consigna, que fue árido el momento, que no logró siquiera retomar la actividad primera y que es necesario sacudirse y caminar. Si es así, hágalo, autorícese para caminar sus textos, eso puede ayudarle a digerir lo visto y lo leído, a sacar conclusiones y porqué no, nuevos interrogantes.
No deje por ningún motivo de leer en su cuerpo, su mirada y su sentir, es provechoso porque a pesar de que usted se haya sentido no tocado, incólume no está. El virus ha cobrado una nueva víctima: USTED, y por siempre estará usted tentado a encontrar diariamente un minuto, una hora, una eternidad ese deleite de leer y buscará conscientemente la ocasión, escudriñara  para encontrar esos mismos referentes en su ser, No importa que ya se haya alejado del libro, de la persona  o la ocasión, siempre querrá volver al sitio e instrumento del saber. Es esta la razón por la que muchos no saben, no aplican y muchas veces no toleran  su impulso de leer o respirar.
Finalmente, si ya ha superado el temor al absurdo o al ridículo, -no lo señalo-, ya está usted acostumbrado, será un lector fecundo y yo no lo voy a señalar, al contrario, con gusto le felicito, es más le animo a que me enseñe!.