sábado, 17 de octubre de 2015

Respecto a nuestra elección personal y profesional

Aun no aprendo a acceder y diagramar como espero pero hoy quise retomar mi experimento de bloggera (con limitado público)  copiando un artículo que me pareció interesante en internet no solo por lo válido para nuestra elección profesional sino por lo que significa el camino de la vida en cada uno de nosotros. Pueden descargarlo de internet.:
EL PLAN DE TU ALMA

La mayoría del tiempo estamos buscando afuera de nosotros mismos cosas o personas que le den sentido a nuestra vida.
Decidimos ocuparnos por completo de lo o los demás y ésto es porque nos hemos desindentificado de nosotros mismos o nunca lo hemos estado.
Y no es que no amemos a nuestra familia, amigos, trabajo o posesiones sino que ninguno puede ser el centro de nuestra vida, debemos adquirir sentido dentro de nosotros mismos, de manera que si perdemos todo, podamos seguir adelante.
Y es que este proceso de conocernos a nosotros mismos es el camino para conocer a Dios pues nosotros somos lo más cercano de su expresión, como bien dijo Jesús: "amándonos podemos amar a otros..." pero la pregunta básica es ¿cómo puedes amar a quien no conoces?
Lo básico es comprender qué somos y qué hacemos aquí... pero eso es algo que muchos desconocen o se conforman en ignorar y las consecuencias son que simplemente sobreviven y/o que se sienten muy turbados en los momentos de las dificultades.
Vamos por el principio...
Eres un Alma, un ser de luz...
Tú tienes un cuerpo... no eres el cuerpo.
Antes de nacer, tú eras un ser de luz que quería venir a esta Tierra para poder vivir en ella y, a través de tu experiencia, evolucionar espiritualmente.
En ese lugar que llamamos Cielo o Paraíso, hay diferentes niveles de evolución espiritual y cada uno debemos de cumplir con diferentes misiones a fin de crecer y elevar nuestro espíritu a un nivel superior.
Cuando alegremente recibiste el permiso de entrar en un cuerpo físico, te fue asignado un grupo de guías y protectores. Todos, junto contigo, planearon un esquema general de tu vida basándose en los eventos que forzosamente debías de vivir para poder aprender aquello que te hará ascender cuando vuelvas a Casa y para ayudar a otros a evolucionar espiritualmente o cuidar y mejorar el planeta. Al esquema podemos llamarlo el "Plan del Alma" o "El Contrato Sagrado".
En este "Plan del Alma" ciertos eventos suceden forzosamente asegurando tu crecimiento, aprendizaje y evolución espiritual y está garantizado que serás completamente apoyado para que lo logres.
Hay factores que intervienen en la forma en que responderemos a los eventos, uno de ellos es el libre albedrío.
Todos juntos, Dios, tú y tus guías espirituales deciden qué género tomarás para desarrollar mejor las habilidades y destrezas que necesitarás para tu crecimiento espiritual, es decir, si serás hombre o mujer. También, eres tú mismo quien elige a tus padres; desde luego éstas elecciones son desde el nivel de consciencia del amor.
Cuando eres un ser espiritual, un ser de luz, la vibración que tienes es muy elevada. Sin embargo, cuando baja tu esencia a habitar un cuerpo físico, la vibración de lo físico es muy baja, por lo tanto, mucha de tu esencia no puede vibrar en esa frecuencia baja y no es que dejes de ser tú mismo sino que, de alguna manera, todo ese conocimiento que tienes sin tu cuerpo físico, lo inhibe al entrar en la materia. Por eso sucede que “olvidamos” quiénes somos y “olvidamos” lo que sabemos pero, conforme vamos evolucionando en nuestra espiritualidad, vamos “recordando” quiénes somos, a qué venimos y qué sabemos.
Por ejemplo, cuando cierta información te es revelada, tú, en el fondo de tu ser “ya la sabías”.
De cierta manera, esto mismo que estás leyendo tú “ya lo sabías", solamente estamos quitando los velos que la materia nos ha puesto encima.
Pues bien, una vez formado tu equipo de guías y compañeros espirituales; establecidos los valores y lecciones que has de aprender y practicar, te lanzas al mundo y entras en un pequeñísimo cuerpo físico conformado por apenas dos células dentro del vientre materno… y jamás… jamás estarás solo… jamás estuviste solo… ellos están contigo ahora mismo, en este mismo instante, y seguirán estando junto a ti hasta que tu cuerpo físico ya no pueda hospedarte y sea momento de dejarlo y regreses a ese espacio de Luz Divina donde tus Guías y tus Ángeles te darán un Último Abrazo entregándote a Dios.
Tu propósito de vida o tu misión es la parte más importante de encontrarte a ti mismo y, cuando encontramos nuestro propósito de vida, sentimos mucha paz… encontramos nuestro lugar en este mundo de tal manera que toda nuestra vida hace completo sentido.
¿Cuál es tu propósito de vida? ¿Cuál es tu misión? Todos y cada uno de nosotros tenemos una misión igualmente importante en esta Tierra.
Cuando trabajamos en ella, nuestra vida completa sana. Nos sentimos más contentos, más saludables. Incluso ¡nuestras finanzas mejoran!
La misión de todos tiene el mismo fundamento subyacente de AMOR.
En esencia todos estamos aquí para aprender, recordar y enseñar.
La pregunta en relación a nuestro propósito de vida se relaciona con cuál forma tomará tu sendero de amor. Si serás sanador, maestro, artista, padre, médico o algo más.
Cuando planeamos nuestra venida a la Tierra, también aseguramos que seguiríamos nuestro camino como instrumento de amor eligiendo la profesión o actividad correcta que nos llevaría a cumplir nuestro Plan de Vida.
Esto fue implementado como un mecanismo para asegurar que reconoceríamos esa Misión y es LO QUE MÁS NOS GUSTA HACER. Eso que te hace feliz, que te apasiona, que siempre quieres hacer, que puedes pasar horas y horas haciendo y sigues disfrutando… esa es TU MISIÓN…
¿Qué es lo que más te gusta hacer? ¿Enseñar? ¿Cuidar niños o ancianos o enfermos? ¿Las plantas? ¿Los animales? ¿Pintar? ¿Cantar? ¿Hacer música? ¿Investigar? ¿Inventar maquinaria? ¿Cocinar? ¿Escribir? busca… por ahí está tu misión en esta vida.
Por eso se dice que Dios te mandó a esta vida a ser FELIZ… ¡claro! a través de hacer lo que te hace feliz, ¡cumplirás tu propósito de haber venido!
Así que escucha tu Guía Interior y revisa cuál es eso que más te agrada hacer y ¡HAZLO!
Si hacerlo implica cambios drásticos en tu vida y te preocupa de dónde podrían venir los recursos económicos para poder realizarlo y mantenerte de ello, recuerda que puedes pedir ayuda a tus ángeles y guías para que te señalen el camino y ellos gustosos lo harán indicándote un paso a la vez para lograrlo.
Tus respuestas también las puedes encontrar en tu Ser Interior, si sabes escucharlo.
Cada uno de nosotros tenemos un papel en el Plan del Creador.
Afortunadamente, tu propósito de vida involucra actividades y temas en los cuales ya estás interesado y, si aún no identificas cuáles son, pregunta a alguien que te conozca y que te quiera. Esta persona ha observado qué es lo que más te emociona y de ahí puedes partir para encontrarlo.
Cuando lo encuentres y te dediques a llevarlo a cabo, te darás cuenta que es tan emocionante y gratificante que te levantarás en la mañana lleno de energía y de vigor, listo para continuar haciéndolo.
La abundancia y la prosperidad te rodeará y fluirá en ti porque estarás dedicando tiempo en este esfuerzo y tu emoción por hacerlo te hará experto en la materia.

jueves, 5 de marzo de 2015

LA FUERZA DEL MAESTRO


 LA FUERZA DEL MAESTRO

Hoy cuando la mayoría de mis compañeros acuden a una jornada sindical que pretende denunciar  de manera masiva las vicisitudes que se viven en una profesión caracterizada por crear  las oportunidades para mejorar la calidad (de vida y desempeño) de la población colombiana, me he quedado en casa obedeciendo al médico que me diagnosticó un fuerte resfriado -característico por estos día en Cali- , y al profesor de mi curso de especialización quien me ordena crear una entrada en el blog con un título alusivo a una temática del curso que imparto.

Pues bien, resolví acompañar la lucha desde mi escritorio, dejar que los dirigentes  gremiales discutan mis derechos yo mientras tanto,  “Aquí estoy” pero no obedezco del todo, reflexiono sobre mi razón de ser y mi profesión, que en cierta manera se  ven amenazadas por razones multifactoriales;   reflexiono un poco ante la necesidad de comprender la situación en la que estamos, qué está sucediendo a nuestro alrededor para que se puedan esclarecer las razones de un cansancio muy difundido que hace decir a algunos: ¿Tiene sentido seguir trabajando , después de  diez, veinte o treinta años (aclaro que yo solamente llevo 10 en la educación pública) con todo el caos  y las dificultades que existen hoy en la escuela?. No cambia nada, los estudiantes empeoran, las exigencias son cada vez mayores, los maestros nos estamos convirtiendo en los “padres” de nuestros estudiantes, la sociedad no los tutela ni protege como debe ser y nos responsabiliza de sus falencias, nos pagan poco, las pocas conquistas gremiales se esfumaron y nuestra educación está siendo feriada al mejor postor con las más bajas condiciones para ser exitosa pero con las mejores propagandas para legitimarla: dime porqué merece la pena seguir enseñando”.

Pues bien, afloran en mi mente los testimonios de muchos docentes y pensadores que  acogieron esta bella profesión antes de mí y el corazón me dice que más allá de las circunstancias de la vida – así como en los artistas- existe un llamado especial, un influjo que llevamos dentro los maestros, que no nos consiente desfallecer frente a la descomposición social que atestiguamos, que no nos permite abandonar a nuestros educandos y continuará volviendo a despertar la exigencia de significado.  ¡Ningún poder puede detenerlo, ninguna situación puede acallarlo! Por ello, que esté en crisis el nexo con la realidad no quiere decir que no continúe sucediendo su llamada: Es imposible que no suceda. El deseo de hallar una respuesta que dé sentido al instante que vivimos se hace presente en nuestros labios.

Si contemplamos la educación como la comunicación de sí mismo, es decir del modo en que uno se relaciona con la realidad, podremos decir que el desempeñarnos como  educadores en escuela primaria se convierte en la oportunidad de compartir con los niños las vivencias que significativamente han marcado nuestra vida y que en efecto pueden llegar a surtir un impacto formador en su nacientes vidas. ¡Es maravillosa esa experiencia!

Todas las mañanas, aunque me tiente el deseo de pensar en los mejores días que ya pasaron y en todas las expectativas que tengo para realizar,  mi labor se convierte en la mejor excusa para decir "yo estoy aquí presente" con todas mis potencialidades y mis limitaciones. Me enfrento a un grupo de estudiantes a quienes debo acompañar y despertar el interés por lo que enseño.

¿Qué despierta el interés del niño? La realidad es la que despierta el interés del niño. Ante cualquier situación; no basta con los conceptos, las explicaciones, mirar cómo funcionan los aparatos, cómo se resuelven los ejercicios o se logra alguna meta, esos son datos parciales que no bastan. Frente a la realidad, la razón es exigencia de totalidad, de significado exhaustivo.  Ante la dureza del trabajo, ante la persona amada o al contemplar una puesta del sol, no podemos evitar la pregunta: "Pero, ¿Qué sentido tiene?".

No existe ningún poder en este mundo que pueda parar la dinámica que nace por el impacto que la realidad produce en el yo. El deseo de hallar una respuesta que dé sentido  al instante que vivimos se  enciende constantemente, en cualquier circunstancia, no solo en las favorables, sino también en las que  en principio resultan contradictorias. Las preguntas son inevitables, el deseo de hallar una respuesta no se puede esquivar pero podemos no tomarlo en cuenta, acallarlo, abandonar las preguntas y bloquear esa curiosidad. Si el niño no sabe encontrar el sentido a un juguete, a una situación, a una relación de contenidos o interacción humana, rápidamente pierde su interés y por supuesto, yo tengo una gran responsabilidad porque ahí, frente a mí está el niño que va copiando todo lo que yo siento y cómo interpreto esa realidad. Si él no percibe mi interés en el significado de la realidad, su interés decae. Puedo yo pensar que enseño español, ciencias, matemática o inglés pero si no he tomado el compromiso mismo de confrontarme con la vida y con la realidad,  difícilmente puedo yo mantener la llama de su encanto estudiantil.

Por esto, la incapacidad de introducir en la totalidad de la realidad  no es independiente –como a menudo creemos- de nuestra relación con la realidad: sin percibir el significado, la realidad antes o después deja de interesarnos y también nosotros en la escuela, igual que los estudiantes, podemos acabar siendo pasivos. Este es el origen de aquel desinterés que desemboca en el aburrimiento, porque nada sabe despertar interés al margen del sentido. Pensamos que la realidad puede seguir atrayendo aunque no reconozcamos su significado porque algunas veces, como docentes nos limitamos a la parte operativa del proceso, pensamos que el significado es algo de lo cual podemos prescindir, nos limitamos a enseñar física, matemática o química, las mismas ciencias naturales  pero sin darle significado a esos datos y eso no basta.

Pero, ¡atención! Nos encontramos ante una pregunta para la cual no sirve cualquier respuesta. Sabemos que es mentira, porque no todas las respuestas corresponden a la exigencia que expresa la pregunta por el sentido. No vale cualquier respuesta para dar sentido al trabajo cotidiano, al dolor, a cómo vivir las circunstancias de forma que no terminen siendo una tumba para nosotros. El problema de la educación es si nosotros tenemos una respuesta a esta urgencia de significado para vivir, hasta el punto de poderla comunicar viviendo. No es un problema de los niños, es un problema de los adultos, de la sociedad, es un problema nuestro. Solamente si nosotros, los adultos, asumimos este compromiso con la realidad entera, podremos comunicar un sentido. Por eso necesitamos mirar a la cara la situación ¿Queremos afrontarla o nos contentamos con hacer iniciativas añadidas a la vida real y a sus problemas? En este contexto, ¿existe alguna esperanza capaz de mover lo más íntimo del hombre? ¿Cómo  podemos  ser una presencia entre nuestros estudiantes? ¿Cómo puedo decir: “yo estoy” en la realidad con todo lo que soy: con los estudiantes, en la escuela, ante mis hijos o frente a mí misma?

Para responder esa pregunta solo debemos fijarnos en nuestra experiencia personal. ¿Ha sucedido algo que haya despertado nuestro interés y nos haya puesto en marcha de nuevo?, ¿podemos identificar algo en la realidad capaz de movernos en lo más íntimo? Sí, lo llamamos “encuentro”. Es algo tan sutil pero real porque es portador de una hipótesis de significado, de conexión, correspondencia, que nos afecta en lo más íntimo y que aviva nuestras exigencias.

El encanto estudiantil se da en la medida en que logremos el "encuentro"  con nuestro estudiante precedido por el encuentro con nosotros mismos y la realidad circundante. El encuentro es la base de la interacción, nos permite buscar y encontrar las respuestas al sentido de la vida comunitaria, es tan correspondiente que solicita todas nuestras exigencias, las provoca a buscar, nos devuelve las ganas de entrar en la contienda y nos hace libres para hacerlo. El motivo que nos mueve y que justifica nuestra difusión no está en nosotros, sino que está en el fondo de nuestro ser, donde está Otro, Aquel al que adoramos: Nuestro primer Maestro, aquel que nos ha hecho.

En ese encuentro maravilloso que vivenciamos a diario,  se encuentra la clave para mantenernos vivos en la carrera docente, de ahí que el encuentro aceptado con sencillez, nos dé una gran libertad de espíritu que nos permite no pararnos nunca, que nos posibilita  actuar independientemente de nuestra cultura o nuestra  sagacidad, por encima incluso de nuestro corazón. Esa fé esa seguridad, la  tenemos porque Otro actúa en nosotros, nos da la fuerza para entrar en la realidad, responder a la exigencia de significado, afrontar mi cansancio y mi soledad. Entonces se comprende porqué todo comienza a ser interesante. “En la experiencia de un gran amor […] todo lo que sucede se convierte en un acontecimiento en su ámbito”.